Y en el
fondo de mi mochila una piedra va.
No
recuerdo con claridad como llegó allí pero está. La noto en mi espalda golpear.
¿Alguien
la puso dentro y ni cuenta me di? ¿Creció sin más de una pequeña china accidentalmente
colada en ella? ¿O acaso fui yo quien
en un camino la recogió y guardó?
Si eso
pasó, ¿eran pequeños trozos? ¿Comenzó siendo uno y acabó siendo muchos? ¿o un gran pedazo pesado que recogí con esfuerzo, metí dentro y olvide sacar?
No lo
tengo claro pero se que pesa y hace que de vez en cuando tenga que detener mi paso.
La pequeña mochila se volvió pesada y...
_No
soy tan fuerte, ¿sabes?_ A veces hablo con ella.
Esos días
me convierto en una loca manteniendo un diálogo sola. Como un
perro mordiendo su cola.
Mochila
que a veces lastra y aun así no culpo. Es solo esa piedra que pesa y cansa
mis piernas.
En la mochila guardo también otras cosas.
Tengo
muchos te quiero y amores que nada arrastran, ellos son los que alivian mi
espalda.
También
están mis divididos recuerdos junto a otros sentimientos, que dispares a veces, se pelean
entre ellos.
En ocasiones me hacen
tambalear, por lo que de vez en cuando enfurezco y me siento.
_Calmaos
chicos_ Les digo, hasta que aparecen mis amores y te quieros, y entonces continuo
el camino.
Ellos me cuidan,
descargan mi espalda, aunque la piedra eterna siga en mi mochila anclada.

Seguro que en la mochila hay muchos amores y tequieros antigravedad que la hace más ligera, y eso es lo que importa
ResponderEliminarTe envío unos cuantos de mi mochila para la tuya
;)