El primer día que lo vi me pareció como cualquier otro animal de la calle caminando sin rumbo fijo olfateando el aire.
Pero todo cambio cuando me interesé casi sin saber porque más por él con el paso de los días.
Los niños en su incultura infantil lo llamaban con un trocito de algo en la mano para alimentarlo y una piedra en la otra.
La lucha de la calle es dura.
La lucha de la calle es dura.
Vi que era un perro tranquilo, y que no era temeroso, pero tampoco estaba especialmente interesado en la gente que iba y venia a pesar de que a veces algo de comer le dieran.
En mi banco de siempre donde cada salida a las dos del trabajo me paraba para relajarme y engullir algo de comida rápida comprada con prisas en cualquier lugar cercano comencé a verlo todos los días.
Aquel perro empezó a sentarse frente a mí sin que pareciese mirar algo en concreto, a pocos metros de distancia cada vez que me veía.
Me hacia pensar en la posibilidad de que atraído por mi comida esperara sin querer implorar por ella.
Se veía estoico a pesar de su huesudo cuerpo y pelaje sucio y anudado completamente desprovisto del brillo que da la juventud.
Nunca demasiado cerca acababa siempre echándose, quedándose dormido frente a mí en pocos minutos.
En esos días tome por costumbre que de mi comida siempre algo sobrara para dejárselo cerca cuando despertara.
Y así pasaron las semanas.
Siempre a la misma distancia y sin prestarme aparente atención acababa dormido hasta que me iba.
Y puede parecer estúpido pero, me sentía bien porque nunca me gusto comer solo.
Hasta que llegó el día en que paso algo que no esperé pasaría, aquel perro distante se acerco a mí.
Lo hizo despacio, sosegado, con su habitual cola a media asta desprovista de emoción, eso no cambió.
Pero se echó a mis pies, casi podía tocarlo con la punta de mis zapatos. Y quise hacerlo, pero me aguanté las ganas.
Pero se echó a mis pies, casi podía tocarlo con la punta de mis zapatos. Y quise hacerlo, pero me aguanté las ganas.
Su acción fue tan inesperada que ni moverme intente por miedo a que se levantara y se fuera.
Llegó la hora de irse a trabajar, fue entonces, en el momento en el que me levante y puse una salchicha a su lado cuando me percate que aquel animal no volvería a acompañarme en el banco de siempre.
Él me dijo adiós ese día, y mis ojos mientras lo observaban quieto y sin vida se humedecieron.
Nunca me gustó comer solo, pero este anciano perro era quien de verdad solo estaba.
Así que no pude mas que despedirme, y hacerlo con un gracias por todo.

Terrorífica la imagen pero muy expresiva
ResponderEliminar¿Como se puede no tratar bien a un animalico así?
Cosas que no entenderé...
Scars on broadway mola!
Y muy apropiada esta
; )
Imagen como bien dice Darko muy expresiva...
ResponderEliminarCreo reconocerla...
Besito Ana :) y cuidate mucho
Muy emotiva tu actualización, mis ojos se llenaron de lagrimas y apenas pude terminar de leerlo, pero al final lo conseguí.
ResponderEliminarUna historia muy triste y tan real que se me ha encogido el alma.
Por desgracia sucesos así pasan diariamente.
Se el motivo de esta actualización.
Sin acercarnos mucho a ese animalito por el motivo de no cogerle demasiado cariño por ser de la calle, cada día se fue llevando un trocito de nuestro corazón.
Los animales de la calle tienen algo especial que los hacen únicos, este gato lo tenia sin duda y por ello duele su marcha.
Echo de menos verle diariamente, sus ojos, su maullido, su alegría al vernos, le echo tanto de menos...
Es increíble como se puede querer tanto a los animales. Descansa en paz amigo.
El dia 9 murio dejandonos su recuerdo.
EliminarComo el perro de esta historia inventada con el chico que en un banco comía solo cada tarde, nuestro libre gato rubio sabía como hacerse entender supo ocupar un espacio que nunca dejará en nuestros corazones.